El Cosquín Rock 2011 ya tiene sus días confirmados (viernes 11, sábado 12 y domingo 13 de febrero) y, una vez más, el predio vuelve a mudarse. La Comuna de San Roque quedará en la historia y el nuevo centro rockero será el Aeródromo de Santa María de la Punilla.
Cansado de los dolores de cabeza que un vecino de la comuna le generaba, Palazzo decidió mover el predio a donde La Renga organizó su propio festival, allá por enero de 2009.
Aunque la grilla no fue anunciada, las grandes bandas no faltarán y durante estos meses se seguirán realizando los Pre Cosquín en distintos puntos del país, en el que se seleccionarán bandas under para participar en los escenarios temáticos del festival cordobés. Esta será la décima primera edición del Cosquín Rock.
viernes, 24 de septiembre de 2010
martes, 27 de julio de 2010

Sui Generis surge de la fusión de dos bandas acústicas juveniles, que se hacían escuchar en los colegios de Caballito. Mientras cursaba la escuela secundaria, Charly García conoció a Carlos Alberto Mestre, «Nito». Junto a él y a Carlos Piegari, Beto Rodríguez, Juan Belia y Alejandro Correa formó Sui Generis, que, tras sufrir varias deserciones por diversos motivos (y en vísperas de un recital), quedó convertido en un dúo.
Nito Mestre recuerda esos momentos previos al show: «Pensamos que era el final de un sueño, pero estábamos obligados a subir al escenario. Ya nos habíamos gastado la plata en cerveza y no podíamos devolver el cachet del que nos contrató. Entonces juntamos coraje y salimos, él con la guitarra criolla y yo con mi flautita. Yo estaba muerto de miedo, pero Charly me daba ánimo. No sé cómo pasó, pero a la gente le encantó».
Tras grabar "Vida" (1972) al estilo folk norteamericano (muy de moda en esa época), el grupo comenzó a crecer en popularidad. Con un piano -«a la Elton John», como más tarde reconocería el propio Charly -, una flauta y una temática muy influenciada por Bob Dylan, trascendieron las fronteras de los rockeros, para instalarse como representantes de un grupo más amplio de la juventud. Su segundo disco, "Confesiones de Invierno" (1973), tenía un mejor sonido y más justeza instrumental, pero mantenía el estilo característico del grupo. Sui Generis ya estaba consolidado.
El 1974, para el tercero de sus discos, "Pequeñas Anécdotas sobre las Instituciones", Sui Generis se transforma en un cuarteto eléctrico, ya que se suman Rinaldo Rafanelli y Juan Rodríguez, en el bajo y la batería, respectivamente. Este profundo cambio - impulsado por el hastiado García - desconcertó al público y frenó un poco el increíble éxito del grupo. De todas formas, se rescatan temas como "Las Increíbles Aventuras del Señor Tijeras" y "Pequeñas Delicias de la Vida Conyugal".
El cuarto disco de Sui Generis se iba a llamar "Ha Sido" y sería básicamente instrumental, razón por la cual Mestre perdió interés. El desgaste, la censura, las interminables giras y la diferencia de gustos entre Nito y García llevaron a disolver la agrupación. Como broche de oro realizaron dos presentaciones en el Luna Park, el 5 de setiembre de 1975, con un lleno total y gente que quedó afuera. Un éxito inesperado hasta para ellos. Las 11 mil localidades puestas en venta se agotaron dos semanas antes del show. Decidieron agregar tres mil entradas más, que también desaparecieron de las boleterías rápidamente. Así se agregó una segunda función para la misma noche. En total: 25.600 espectadores. El recital se denominó "Adiós Sui Generis" y fue acompañado de un álbum doble y una película documental, ambos con el nombre del concierto.
A mediados de diciembre de 1980, Uruguay y Chile fueron testigos de la reunión de Sui Generis. En ese entonces, aprovecharon la ocasión para presentar el material nuevo de Charly y Nito con sus respectivos conjuntos. En Montevideo, ante 16.000 personas, Nito y su banda arrancaron con "Fusia", la bella melodía de PorSuiGieco, y "Toma dos blues". A continuación entró Charly y juntos interpretaron "Confesiones de invierno", "Mariel y el Capitán", "Natalio Ruiz", "Para quién canto yo, entonces", "El tuerto y los ciegos" y "Fabricante de mentiras". Más adelante, el resto de Serú reemplazó a la banda de Mestre, para hacer, entre otras, "No llores por mí, Argentina". Para finalizar, volvió Nito con su gente y todos rememoraron "Eiti-Leda" y "Rasguña las piedras". Una semana después, repitieron estos shows en Santiago de Chile.
En 1993, Nito publicó "Canta a Sui Generis", una recopilación que contenía los hits más importantes del dúo, pero con sonido de los '90. Con la producción de Daniel Grinbank, el disco tuvo bastante aceptación del público. García, que siempre había negado la posibilidad de reunirse con Nito para tocar juntos, reaccionó con indiferencia, aunque sólo recién de una charla entre ambos se recompuso la relación, que se había vuelto tirante. "Con Nito y el disco de Sui está todo bien. Pero me hubiera gustado que me avisara antes y no cuando el proyecto estaba terminado" (Clarín, 24/08/93). A Charly no le molestaba tanto que haya grabado el disco, sino que Grinbank fuese su productor.
Durante todo el 2000 se habló sobre el supuesto reencuentro del grupo. Y así se concretó: toda la información al respecto está disponible en BienvenidosAlTren.com, un website creado especialmente para la ocasión.
jueves, 8 de julio de 2010
Inicio Noticias Noticias Música Nacionales Andrés Ciro. “Antes y después”, su primer canción fuera de Los Piojos.

Andrés Ciro Martínez comienza una nueva etapa en su carrera, luego de su paso por Los Piojos y presenta un tema a manera de adelanto. Escuchá acá lo nuevo de Ciro y Los Persas. El ex cantante de Los Piojos, tiene listo su álbum debut, “Espejos” llegará a manos de sus seguidores el próximo 20 de julio de 2010.
Los Persas, así se llama la banda que acompaña a Ciro, con la cual registraron esta primera placa, integrada por, Chucky de Ipola (teclados), Juan Abalos (guitarra), Juanjo Gaspari (guitarra), Broder Bastos (bajo) y Lulo Isod (batería).
"Antes y después", es el primer corte, de los 14 temas que estarán presente en “Espejos”, el tema es sin duda una canción muy piojosa y marca el rumbo tomado por Ciro y Los Persas.
La presentación oficial de “Espejos” será el próximo 14 de agosto de 2010 en el Orfeo Superdomo de la ciudad de Córdoba, lugar que albergará sin dudas a más de 10.000 espectadores.
martes, 2 de marzo de 2010
Litto Nebbia, muy enojado con las discográficas
Litto NebbiaLitto Nebbia acusa a las grandes compañías discográficas de no respetar a los artistas, de manipular a su antojo los álbumes y de no respetar en absoluto las obras.
En contra de la ley que prolonga el derecho de las compañías sobre los discos que alguna vez editaron, el músico firma una nota publicada ayer lunes por Página/12, bajo el título “Fuera de la ley”, en la cual es terminante: el manipuleo sobre la no edición de una obra es lo más parecido que hay al término “que te borren del mapa”.
A continuación, el texto completo.
La Cámara de Diputados ha convertido en ley un proyecto que prolonga de 50 a 70 años los derechos de las compañías discográficas sobre los discos que alguna vez editaron. Y es una pena que el Congreso a veces no tenga información clara y real sobre lo que trata, porque esta ley sólo protege a las grandes compañías discográficas para que puedan seguir manipulando a su antojo centenares de álbumes de diversos géneros. Albumes que, en la mayoría de los casos, están bajo un contrato leonino en el que el artista no tiene la menor posibilidad de ver respetada su obra y mucho menos de percibir los derechos reales que le corresponden.
El artista siempre es perjudicado a través del tiempo. Cuando no aparecen reediciones de sus trabajos creativos, pierde de cobrar sus royalties discográficos. Si es autor, también se debilita el cobro de sus ingresos autorales. Pero lo más grave es que, en algunos casos, ha ocurrido que el manipuleo sobre la no edición de una obra es lo más parecido que hay al término “que te borren del mapa”.
Pensemos: el artista no tiene disco para trabajar, tampoco lo tiene para que siga vigente su obra, y si llega a reclamar que lo liberen, tampoco le permiten publicar su trabajo. Ni siquiera digo, a estar altura, pedirles que te devuelvan un master: aquí se trata de una verdadera Máquina de la Inconveniencia.
Puedo citar detalles de mi caso personal: a mis 17 años firmé contrato con la legendaria RCA como integrante de mi grupo de adolescencia, Los Gatos. Hasta hoy esos álbumes llevan vendidas millones de copias. Pero nunca podremos saber exactamente el número, porque la compañía discográfica, que sub-edita a través de casas sucursales que tiene por todo el mundo, jamás hace una rendición de cuentas fuera de tu país de origen. Tengo ediciones de mis discos en Estados Unidos, Venezuela, Bolivia, Uruguay, Chile, Costa Rica, Brasil… Y, de este modo, jamás he cobrado un centavo. Los Gatos éramos número 1 en ventas en casi toda América latina. Lo mismo pasó con mis primeros discos como solista. Hay canciones que han estado varias semanas en los primeros puestos de otros países, y jamás me las liquidaron.
Mientras va transcurriendo el contrato leonino que firmó, uno siempre está ocupado y entusiasmado con el siguiente disco, y piensa que finalmente todo se va a solucionar. Por eso no se litiga oportunamente. Además, ¿cómo desconfiar de la gente que está tan interesada en nuestra música? Pero cuando el contrato termina, y uno queda libre de grabar para esa compañía, es cuando comienza el mayor atropello.
Cuidado: estoy refiriéndome exclusivamente a hechos que ocurren en el ambiente de nuestro país. En Estados Unidos, cuando algunos artistas terminan su contrato, la compañía sigue permanentemente reeditando su obra y cuidándola. Ni qué hablar si es un artista que continúa en total actividad: sigue manteniendo relación con la compañía anterior, sencillamente porque el cuidado del material grabado es algo que les compete y conviene a ambos.
En nuestro país hay un anecdotario lleno de historias donde un gran artista, uno de esos que le ha hecho ganar muchísimo dinero a la discográfica (y soy uno de ellos), trata de comunicarse con la compañía para una consulta o reunión, y ni siquiera lo atiende la secretaria de algún ejecutivo. Terminado el contrato, hay un cese de relaciones. Entonces comienzan a ocurrir atrocidades como cambios de portadas, equivocaciones en los créditos, mala masterización de los álbumes, hasta llegar a un par de sucesos que me parece bueno contar.
Varios años atrás, la compañía que tiene derechos sobre los discos de Los Gatos publicó un casete de regalo dentro de una caja de las hamburguesas Paty, que se vendía exclusivamente en los grandes supermercados. Así como lo están leyendo. Lógicamente incluía el tema “La balsa”… O sea que no sólo se hartaron de ganar dinero, y mal pagarnos derechos durante 40 años, ¡sino que ahora hacen un negocio hasta con las carnicerías!
Luego de esto, durante un verano de esos en que ya no saben qué inventar para vender boludeces en la playa, publicaron un CD remix de temas clásicos de los años ‘60. No podía faltar nuevamente “La balsa”. Esta vez a nuestra grabación original le sumaron pitos y matracas, gente haciendo algarabía y una cantidad de basura que es una falta de respeto para una grabación que es un hito para la historia de la música popular argentina.
¿Existe alguna ley en nuestro país que pueda corregir o no permitir que sucedan este tipo de cosas? Por supuesto que no.
¿Qué desearíamos más los artistas que el hecho de que la vieja compañía discográfica donde registramos nuestros primeros éxitos sea la que siga desarrollando el material (con un contrato legal y razonable), y en el caso de artistas con larga trayectoria, llegar a un acuerdo donde el paso del tiempo y los cambios tecnológicos de los productos no terminen resultándonos perjudiciales?
Muchas veces en reportajes me preguntan qué pienso de la piratería y por supuesto que no estoy de acuerdo con eso, ni con nada que signifique robar. Pero, ¿cuál es mi lugar como artista, cuando por un disco que se vende de Los Gatos percibo cuatro centavos? La piratería no me hace nada, si sólo pierdo 4 céntimos…
Cuando estábamos a punto de celebrar el 40º aniversario de nuestro grupo y de la grabación de “La balsa”, mantuve reuniones con ejecutivos de la compañía que tiene el derecho de explotación (nunca mejor usado este término) de nuestros discos. Asistí con la propuesta de revisar ese tramposo contrato que firmé a mis 17 años. Lógicamente nunca nos pusimos de acuerdo. ¿Cómo ponerse de acuerdo con gente que desprecia la música?
(Rock.c
Litto NebbiaLitto Nebbia acusa a las grandes compañías discográficas de no respetar a los artistas, de manipular a su antojo los álbumes y de no respetar en absoluto las obras.
En contra de la ley que prolonga el derecho de las compañías sobre los discos que alguna vez editaron, el músico firma una nota publicada ayer lunes por Página/12, bajo el título “Fuera de la ley”, en la cual es terminante: el manipuleo sobre la no edición de una obra es lo más parecido que hay al término “que te borren del mapa”.
A continuación, el texto completo.
La Cámara de Diputados ha convertido en ley un proyecto que prolonga de 50 a 70 años los derechos de las compañías discográficas sobre los discos que alguna vez editaron. Y es una pena que el Congreso a veces no tenga información clara y real sobre lo que trata, porque esta ley sólo protege a las grandes compañías discográficas para que puedan seguir manipulando a su antojo centenares de álbumes de diversos géneros. Albumes que, en la mayoría de los casos, están bajo un contrato leonino en el que el artista no tiene la menor posibilidad de ver respetada su obra y mucho menos de percibir los derechos reales que le corresponden.
El artista siempre es perjudicado a través del tiempo. Cuando no aparecen reediciones de sus trabajos creativos, pierde de cobrar sus royalties discográficos. Si es autor, también se debilita el cobro de sus ingresos autorales. Pero lo más grave es que, en algunos casos, ha ocurrido que el manipuleo sobre la no edición de una obra es lo más parecido que hay al término “que te borren del mapa”.
Pensemos: el artista no tiene disco para trabajar, tampoco lo tiene para que siga vigente su obra, y si llega a reclamar que lo liberen, tampoco le permiten publicar su trabajo. Ni siquiera digo, a estar altura, pedirles que te devuelvan un master: aquí se trata de una verdadera Máquina de la Inconveniencia.
Puedo citar detalles de mi caso personal: a mis 17 años firmé contrato con la legendaria RCA como integrante de mi grupo de adolescencia, Los Gatos. Hasta hoy esos álbumes llevan vendidas millones de copias. Pero nunca podremos saber exactamente el número, porque la compañía discográfica, que sub-edita a través de casas sucursales que tiene por todo el mundo, jamás hace una rendición de cuentas fuera de tu país de origen. Tengo ediciones de mis discos en Estados Unidos, Venezuela, Bolivia, Uruguay, Chile, Costa Rica, Brasil… Y, de este modo, jamás he cobrado un centavo. Los Gatos éramos número 1 en ventas en casi toda América latina. Lo mismo pasó con mis primeros discos como solista. Hay canciones que han estado varias semanas en los primeros puestos de otros países, y jamás me las liquidaron.
Mientras va transcurriendo el contrato leonino que firmó, uno siempre está ocupado y entusiasmado con el siguiente disco, y piensa que finalmente todo se va a solucionar. Por eso no se litiga oportunamente. Además, ¿cómo desconfiar de la gente que está tan interesada en nuestra música? Pero cuando el contrato termina, y uno queda libre de grabar para esa compañía, es cuando comienza el mayor atropello.
Cuidado: estoy refiriéndome exclusivamente a hechos que ocurren en el ambiente de nuestro país. En Estados Unidos, cuando algunos artistas terminan su contrato, la compañía sigue permanentemente reeditando su obra y cuidándola. Ni qué hablar si es un artista que continúa en total actividad: sigue manteniendo relación con la compañía anterior, sencillamente porque el cuidado del material grabado es algo que les compete y conviene a ambos.
En nuestro país hay un anecdotario lleno de historias donde un gran artista, uno de esos que le ha hecho ganar muchísimo dinero a la discográfica (y soy uno de ellos), trata de comunicarse con la compañía para una consulta o reunión, y ni siquiera lo atiende la secretaria de algún ejecutivo. Terminado el contrato, hay un cese de relaciones. Entonces comienzan a ocurrir atrocidades como cambios de portadas, equivocaciones en los créditos, mala masterización de los álbumes, hasta llegar a un par de sucesos que me parece bueno contar.
Varios años atrás, la compañía que tiene derechos sobre los discos de Los Gatos publicó un casete de regalo dentro de una caja de las hamburguesas Paty, que se vendía exclusivamente en los grandes supermercados. Así como lo están leyendo. Lógicamente incluía el tema “La balsa”… O sea que no sólo se hartaron de ganar dinero, y mal pagarnos derechos durante 40 años, ¡sino que ahora hacen un negocio hasta con las carnicerías!
Luego de esto, durante un verano de esos en que ya no saben qué inventar para vender boludeces en la playa, publicaron un CD remix de temas clásicos de los años ‘60. No podía faltar nuevamente “La balsa”. Esta vez a nuestra grabación original le sumaron pitos y matracas, gente haciendo algarabía y una cantidad de basura que es una falta de respeto para una grabación que es un hito para la historia de la música popular argentina.
¿Existe alguna ley en nuestro país que pueda corregir o no permitir que sucedan este tipo de cosas? Por supuesto que no.
¿Qué desearíamos más los artistas que el hecho de que la vieja compañía discográfica donde registramos nuestros primeros éxitos sea la que siga desarrollando el material (con un contrato legal y razonable), y en el caso de artistas con larga trayectoria, llegar a un acuerdo donde el paso del tiempo y los cambios tecnológicos de los productos no terminen resultándonos perjudiciales?
Muchas veces en reportajes me preguntan qué pienso de la piratería y por supuesto que no estoy de acuerdo con eso, ni con nada que signifique robar. Pero, ¿cuál es mi lugar como artista, cuando por un disco que se vende de Los Gatos percibo cuatro centavos? La piratería no me hace nada, si sólo pierdo 4 céntimos…
Cuando estábamos a punto de celebrar el 40º aniversario de nuestro grupo y de la grabación de “La balsa”, mantuve reuniones con ejecutivos de la compañía que tiene el derecho de explotación (nunca mejor usado este término) de nuestros discos. Asistí con la propuesta de revisar ese tramposo contrato que firmé a mis 17 años. Lógicamente nunca nos pusimos de acuerdo. ¿Cómo ponerse de acuerdo con gente que desprecia la música?
(Rock.c
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